La hiperacusia o hipersensibilidad auditiva no es exclusiva del TEA ni tampoco la presentan todos los autistas, pero no es algo poco común. Consiste principalmente en sentir dolor de oídos/cabeza, ansiedad, etc, ante sonidos fuertes o constantes que a otras personas o no les molestan o simplemente les desagradan pero no les causan estos dolores o esa tensión/ansiedad.
Es como si el cerebro fuera incapaz de dejar en segundo plano los sonidos ambientales. No es que oigas de por sí más que una persona “normal”, solo que oyes todo a la vez con la misma intensidad. Por ejemplo, estás en un parque en el que no solo hay grupos de gente alrededor hablando, sino también un cortacésped y tú estás ahí en medio, oyendo fragmentos de conversaciones y la máquina todo el rato. Tus compañeros están hablando tranquilamente, han escuchado al cortacésped y a la gente al llegar al parque, pero su mente ha dejado esos sonidos en un segundo plano, centrándose en la conversación. Sin embargo, tú los oyes todos altos y te cuesta seguir la conversación.
Puede ser muy difícil acudir a un lugar ruidoso, hay quienes los evitan siempre que pueden o no deben exponerse a esto o desencadenarán una crisis. Otros que lo aguantan pero no sin pagar un precio. Puede que tengas que exponerte a un lugar ruidoso durante un tiempo y a la vez tengas que seguir funcionando socialmente o tener que prestar atención o concentrarte, etc, cosa muy complicada. Ese funcionamiento se ve muy entorpecido por la hipersensibilidad auditiva.
Por lo que en esos entornos todo se dará peor, te costarán mucho más las conversaciones, o fijar tu atención, o leer algo, o prestar atención. Y todo ese esfuerzo tendrá un precio. Llegarás a casa con dolor de cabeza, con el cuerpo en tensión, mucha tensión y agotadísimo. Necesitarás estar en calma, no más estímulos o intentar distraerte con algo que te relaje. Intentando así disipar la posible ansiedad también.
Llegas a un estado que tampoco entiendes muy bien, no sabes por qué te sientes así, que puede además durar más de un día.
Los Nueve Mundos
miércoles, 19 de abril de 2023
TEA – Hipersensibilidad auditiva
sábado, 11 de febrero de 2023
El origen del mundo
Hace mucho tiempo, más del que podamos imaginar. Cuando no existía ni el Sol, ni la Luna, ni las estrellas, solo estaba Caos, la diosa del vacío. Vacío que no sería la ausencia total de todo, sino algo con potencial para crear.
Con este vacío, Caos creó a Gea, o quizá surgió por ella misma, la gran diosa sobre la cual hemos construido nuestro mundo. La diosa madre de toda creación.
También creó al Tártaro, el inframundo, un lugar muy profundo por debajo de Gea. Un lugar tan profundo que siempre está en completa oscuridad. Un lugar en el que no hay límites: si entras en él, podrás vagar en una sola dirección por toda la eternidad. En el corazón de este lugar nació Nix, la noche y Érebo, la oscuridad. Es Nix quien, al atardecer, recorre la superficie en su carro con un velo de oscuridad sobre su cabeza y esparce a Érebo por toda la Tierra oscureciéndolo todo.
Por último, creó a Eros, o surgió también por sí mismo, el dios que se encuentra tras la creación de la vida en el universo.
Érebo y Nix engendraron a Éter, el opuesto a la oscuridad de Érebo, es el cielo azul que cubre la Tierra. Y también a Hemera, el día, que se encarga de dispersar la oscuridad de Érebo al amanecer. Pero Nix por sí sola o junto con Érebo también concibió a diferentes daimones*.Ver: Nix y Érebo.
Por su lado, Gea también empezó a crear el nuevo mundo. Primero, parió al hermoso Urano, un igual ante ella, para que la cubriera por todas partes. Luego trajo al mundo a los Ourea, los dioses de las montañas, cada montaña tiene su propia deidad. Y por último creó a Pontos, que conformaba todos los mares, no es que fuera el dios de los mares, sino que era el mar en sí mismo y se presentaba como una gran cabeza con barba de agua y cuernos en forma de pinza de cangrejo (posteriormente sería reemplazado por Océano). Pontos tuvo descendencia junto con Gea, sus hijos eran: Nereo, Taumante, Forcis, Ceto, Euribia, Egeón y los telquines. Pero Pontos también tuvo descendencia con la diosa que también conformaba los mares, Talasa, juntos crearon a los peces.
En aquel entonces, Gea y Urano, que la cubría por completo, concibieron juntos a muchos hijos. Los primeros de ellos eran unos dioses gigantes, los titanes. Ver: Los Titanes.
*Daimon: entiendo como daimon a un espíritu, pero no es exactamente lo que entendemos por espíritu, sino que es la personificación de algo. Ya sea la muerte, la amistad, la vejez, etc. Es esa característica personificada en un ser divino, no mortal.
miércoles, 16 de marzo de 2022
TEA – Síndrome de Asperger y “La contradicción”
El síndrome de Asperger ya no existe como tal en los manuales de psiquiatría, ahora esas características se engloban dentro del espectro autista. Pero me gustaría puntualizar que el síndrome de Asperger no equivale al TEA grado 1 como tantas veces he leído. Es cierto que quizá la mayoría de los que fueron diagnosticados de Asperger han pasado a tener un diagnostico de TEA con grado 1, pero no es una equivalencia exacta. El grado es la necesidad de apoyo para el día a día según interfieran los problemas relacionados con el TEA en la vida diaria y sí que puede haber gente que, aunque estuviera diagnosticada de Asperger antes, requiera de más ayuda en la vida diaria que la que un grado 1 pueda indicar.
Eso es lo que indica el grado, otra cosa es que el apoyo lo tengan al final, aunque aparezca en el diagnóstico la necesidad siempre, ya que el grado 1 (el más bajo) indica una necesidad de ayuda. Los problemas relacionados con la comunicación social, las funciones ejecutivas o la rigidez interfieren bastante en la vida diaria. Por no hablar de las hipersensibilidades para aquellos que las tienen.
Una vez dicho esto, lo siguiente no sé si tiene que ver exactamente con el TEA o con alguna comorbilidad. Todo lo que pueda escribir aquí es únicamente personal y no profesional. Y me refiero a la gran contradicción interna que en mi caso vivo desde hace muchos años. Y es que a pesar de que me gustaría mucho relacionarme más, a la vez no quiero hacerlo con casi nadie. Es demasiado cansado, estresante, agobiante, no lo sé explicar. Escuché una metáfora hace poco que lo explica bien: “es como estar sediento pero el agua te sienta muy mal”.
Podría pensar que mi reticencia a que nadie se acerque demasiado pueda venir de todos los malentendidos que he vivido o el rechazo y la marginación. Pero ya desde niña nunca quería relacionarme mucho con nadie excepto con una o dos personas. No conectaba con más y a pesar de que estuve obligada a relacionarme con muchos niños día a día, eso no cambió jamás. Sin embargo, una parte de mí desearía eso, desprenderme de este bloqueo, agobio, angustia, reticencia y ser más abierta y relajada. Me gustaría muchísimo no acabar con dolor de cabeza tras tener que relacionarme con gente. Quizá todo tenga que ver con la propia dificultad para las relaciones, quizá esa propia dificultad que hace que todo sea mucho más angustiante me propicia a tener un rechazo protector. De niña me bastaba con no hablar y ya está, al ser niña no pasaba nada o si me presionaban mucho, me daban igual los malentendidos. De todas formas, los niños en mi entorno solucionaban las cosas directamente, no con indirectas ni de forma sutil, y yo con todo lo que sea directo me manejo mejor. Luego las cosas cambiaron mucho: no hablar no es una opción aunque apenas puedas a veces y hay que responder siempre a todas las interacciones pensando qué decir, cómo o por qué. Intentando adivinar lo correcto para cada ocasión, las intenciones o lo que espera la otra persona. Todo tan complejo que hace el proceso aún más agotador e insatisfactorio. Añadiendo que los malentendidos y enfados de todo tipo no se suelen resolver directamente, todo indirectas, enfados y uno sin entender qué es lo que pasa.
Es un poco como les pasa a las personas que migran a otro país con otro idioma. Al principio al menos, no entienden indirectas, dobles sentidos, referencias culturales, etc., con la diferencia de que en muchos países se les disculpa por ser extranjeros y en nuestro caso al ocurrirnos con nuestra propia cultura e idioma, no se perdona porque no se entiende la dificultad.
Tampoco me ha ayudado que iniciar conversaciones me resulte tremendamente difícil. Es como si tuviera un bloqueo, desde siempre ha sido así. O que me resulte difícil poner mis pensamientos en palabras.
Y así surge la contradicción entre ese auto aislamiento para no relacionarme demasiado y el deseo de sí poder hacerlo y sin agobios. Quizá sea una lucha contra mí misma que deba aceptar que nunca voy a ganar. Quizá debo aceptar que el agua nunca me va a sentar bien, solo en pocas dosis y muy pocas aguas.


